Uno de mis sueños, ser escritora

Siempre quise escribir. Supongo que tiene algo que ver con mi fascinación con la lectura. Y mi fascinación con la lectura tiene que ver con que me costó un poco aprender a leer. Me recuerdo cuando niña observando esa serie de garabatos preguntándome si algún día podía comprenderlos.

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-¿Por qué tengo que aprender a leer y a escribir si yo solo quiero dibujar?- Recuerdo pensar mirando a mi madre que me daba un libro con un cuento de patos, forrado con papel brilloso de color azul con muñecos de nieve de Navidad.

Mi madre me miraba tan dulcemente, tan amorosa y paciente, que nunca me atreví realmente a hacer esa pregunta en voz alta.

Me pasé la infancia rodeada de libros. Libros, risas y juguetes. Raspones de bicicleta, carreras con mi hermano mayor y ositos de peluche con mi hermano menor. En la mañana y en la noche visitaba Londres a través de muchas historias y me fascinaba por la magia de los cuentos de hadas, incapaz de esperar a crecer para ser parte de tanta belleza.

Y cuando crecí, sin embargo, durante un par de años acabé creyendo que la magia no existía. Hasta que volví a encontrarla siendo una adulta.

Encontré la magia ese día en el que no tuve que comer. Esa grandiosa y aterradora mañana en la que me sentí tan asustada, tan sola en mi nuevo y pequeño departamento después del que, durante bastante tiempo, consideré el gran fracaso de mi vida.

– Este es el momento en el que necesito que me hables- implore dramática, mirando hacia el techo blanco, sentada en el suelo sucio, lleno de cosas desordenadas por la reciente mudanza.

Y entonces mi celular sonó. No con una llamada sino con una notificación. Tenía un nuevo email, era lo único que servía, gracias al wifi del vecino; todo lo demás era inaccesible debido al bloqueo de la compañía telefónica por falta de pago.

-“Necesito urgentemente un diseño”-decía el correo electrónico de parte de uno de mis antiguos clientes- “No sé dónde te has metido pero te he estado llamando y no logro localizarte ¿Dónde estás? ¿Puedes hacerlo? Contéstame enseguida”.

Lo hice. Esa misma tarde compré de la mejor comida que había tenido en semanas. Y la magia me ha seguido desde entonces, aunque apenas me he dado cuenta.

El miedo se me ha ido quitando a trancazos y con periodos de hambre. Sin embargo, también se me ha quitado con montones de abrazos de desconocidos que me abrazaron aunque yo no quería; con mujeres y hombres líderes de empresas y negocios que me apoyaron lo necesario pero sin malcriarme. Con familias ajenas que casi me adoptaron. Con silencios comprensivos de mi familia y de vez en cuando, discusiones acaloradas con mi padre. Con besos en centros históricos en varias ciudades que en su momento creí que eran de amor aunque me he enterado que no lo eran de la otra parte. Con mensajes de viejos amigos cada tres meses. Con el recuerdo y el sueño recurrente de que mi viejo mejor amigo, muerto, me despierta lamiendo mi mano.

Es ridículo tener miedo así, rodeada de tantas experiencias.

Por eso decidí que si quiero ser escritora voy a escribir. Nada ni nadie podrá detenerme. Estoy segura de que al menos una persona va a leerme, aunque acabé siendo solamente mi madre; mi padre me apoyaría pero honestamente no le gusta leer. Mis dos anteriores blogs, que hice en servidores gratuitos y escribiendo de manera pesimista, acabaron siendo considerablemente leídos en otros países. Los continuaría pero ese pesimismo ya no me representa.

He decidido concentrar mi energía y concentrarme en lo importante:

Perseguir mis sueños, ser feliz.

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